Continuar el camino hacia un nuevo marco para Euskal Herria.
Artículo publicado por Arnaldo Otegi, Joxemari Olarra (Euskal Herritarrok) en el GARA del sábado 21 de octuibre de 2000, denunciando que la manifestación convocada por el Lehendakari Ibarretxe para esa fecha supone el retroceso del PNV a posiciones de 25 años atrás.
Arnaldo Otegi, Joxemari Olarra * Euskal
Herritarrok
Continuar el
camino hacia un nuevo marco para Euskal Herria
Por arte y gracia de los intereses de quienes quieren resituarse en el panorama político sin afrontar las grandes cuestiones de fondo que afectan al futuro de Euskal Herria, la manifestación convocada por Ibarretxe para hoy ha adquirido un notable protagonismo, y ello pese a lo pueril de centrar el debate político en el lema de una pancarta. Sin embargo dicho lema, la inagotable voluntad del PNV, con Ibarretxe a la cabeza, por satisfacer con él al unionismo español y las bases políticas sobre las que se ha configurado el mismo, dan pistas certeras para comprender mejor el devenir de los últimos meses, analizar la coyuntura actual y proyectar el escenario político que se avecina.
Ciertamente, el hecho de que se quiera establecer como punto de partida la disociación entre política y paz, que parece ser la gran aportación teórica del PNV ante décadas de un contencioso netamente político, no es otra cosa que el retroceso más estrambótico realizado nunca en el análisis del conflicto, que nos lleva no ya a antes del diagnóstico de Lizarra-Garazi, sino mucho más allá, más allá del Pacto de Ajuria Enea y más allá, incluso, del periodo de transición del régimen franquista, cuando se quería explicar el problema como un fenómeno de bandidaje.
Sólo ese grado de degradación analítica y política explica que el PNV, e Ibarretxe en su convocatoria, reduzcan el término paz a la desaparición de ETA o, dicho de otra manera, borre de un plumazo la violencia estructural que los Estados han ejercido y ejercen con brutalidad sobre Euskal Herria. Los golpes represivos de los últimos tiempos, la regresión en las libertades civiles, la criminalización de la militancia abertzale, los intentos para que el proyecto independentista sea un proyecto proscrito, la tortura recientemente denunciada por Amnistía Internacional, la situación de los presos que en los últimos meses se viene deteriorando progresivamente, el salvajismo de la Guardia Civil... configuran una realidad ante la que los jelkides cierran los ojos y, así, al presentar a la lucha armada de ETA como la única violencia existente sobre la cual hay que pronunciarse y condenar, favorece planteamientos tan retorcidos como el de crear la falsa división entre «demócratas» y «violentos», por suerte ya superados.
Pero de violencia se debe hablar, sobre todo, cuando el actual marco constitucional-estatutario vulnera todos los días el principio fundamental sobre el que debe edificarse el futuro de Euskal Herria. Esa es la cuestión. La necesidad imperiosa de superar el marco estatutario y articular un nuevo campo de juego nacional y verdaderamente democrático donde todos los vascos, sin exclusión alguna, ejercitemos en libertad el derecho de autodeterminación.
En este contexto, resulta especialmente denunciable que el PNV haya desempolvado la reivindicación estatutaria con el ánimo de lograr una nueva alianza con el PSOE, cuyo punto de partida y llegada es perpetuar el marco antidemocrático vigente para lograr, en el caso jelkide, la estabilidad institucional que garantice sus intereses particulares, y, en el de los españolistas, reoxigenar el Estatuto como instrumento para la negación de Euskal Herria. Lejos queda de esta estrategia tanto la superación del conflicto como el objetivo de un nuevo escenario democrático en el que las aspiraciones abertzales tengan la legítima oportunidad de cristalizar. Y es que ambas cuestiones son las dos caras de la misma moneda.
Una lectura sobre estos hechos nos lleva a concluir que el PNV no ha podido o no ha querido asumir el reto planteado por la izquierda abertzale con su oferta política de transición para la superación del marco estatutario español y para, en palabras utilizadas en su día por un portavoz jeltzale y hoy totalmente en desuso, llevar a cabo la «confrontación democrática con el Estado». El PNV protagoniza una huida ante esta oferta política, pero no hacia adelante, sino hacia atrás, hacia algo agotado y sin recorrido político.
Cabe deducir, por tanto, que si bien el análisis para superar el marco vigente en claves democráticas, sobre el que se ha ido configurando un proceso político de reconstrucción nacional y que permitió el escenario de setiembre de 1998, llegó a penetrar en el PNV, el mismo no caló lo suficiente como para romper la extrema dependencia del partido jeltzale respecto al status quo vigente. No nos hallamos, pues, ante un problema de determinados «michelines», sino ante la falta de capacidad política de ese partido para caminar efectivamente en una nueva dirección. Así se comprende mejor la ciaboga política tomada hace ya bastantes meses y se explican los pasos dados desde antes del final del alto el fuego de ETA con la congelación de los instrumentos cuyo desarrollo conducía hacia ese otro nuevo marco. Por desgracia, lo que al principio eran indicios hoy es ya certeza y, por eso, sólo se puede calificar de falacia la tesis de quienes sitúan la crisis de la colaboración entre las fuerzas políticas abertzales en la falta de paciencia para respetar los ritmos del PNV. El problema no surgió al discutir la velocidad del proceso, sino al definir a dónde nos dirigíamos, momento en el que este partido no supo asumir con altura y responsabilidad políticas la encrucijada histórica que se le planteaba para el futuro de Euskal Herria, de tal forma que congeló primero el proceso y lo quiso recaracterizar después, hasta llegar a la situación actual, en la que para justificar su nula voluntad para abordar esa transición hacia un nuevo marco se parapeta tras ese ridículo «paz/ETA no».
En este contexto, el PNV viene preparando en las últimas fechas un escenario pre-electoral particionista adecuado a sus intereses, en el que el debate real la confrontación entre, por un lado, el proyecto de imposición española representado por el marco vigente al que se abraza ahora Ibarretxe y que con tanto ahínco defienden Aznar y Mayor Oreja, y por otro, el de un nuevo marco democrático y nacional para Euskal Herria quede desvirtuado por un pretendido enfrentamiento entre un «lehendakari español» y un «lehendakari nacionalista».
Por todo ello, por el peligro de enfangarse en un campo lleno de trampas y donde es imposible que los abertzales ganemos, resulta imprescindible continuar con el camino emprendido hacia ese nuevo marco democrático y nacional. Si nos quedamos a la espera de que se produzca un momento adecuado para realizar esa transición, el mismo no llegará. Las coyunturas hay que crearlas y, en la medida en que hagamos camino, se podrán producir nuevos avances. Ahí se sitúa la apuesta realizada por EH al salir del viejo marco agotado para construir uno nuevo; por volcar su poder institucional, político y social en construir Euskal Herria y fortalecer los ámbitos institucionales y de toda índole que, objetivamente, favorecen esa labor; y por propiciar la colaboración entre los abertzales del conjunto de Euskal Herria. Asimismo, el reto que se nos presenta en los próximos meses debe tener, necesariamente, un amplio respaldo popular, en proyectos de construcción nacional y social, en la reivindicación de los derechos políticos y civiles de los vascos, así como en la defensa de la palabra de Euskal Herria. En ese camino queremos compartir ilusión, lucha y esfuerzo con todos aquellos que aspiran a lograr ese nuevo escenario de democracia, libertad y paz para este país. Hay que desbrozar el camino. Vamos. *
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